martes, junio 26, 2007

Elvis nunca fue el mismo cuando volvió de Alemania

Miraba por la ventana y veía que la niebla estaba cayendo. Lenta pero impaciente para recubrir todo. Se fue a la mesa y siguió leyendo lo que estaba leyendo antes que se parara y fuera a la ventana a descubrir que la niebla caía lenta e impacientemente para recubrirlo todo, siguió leyendo lo que estaba leyendo antes de ir a la ventana.
La ventana es (Era, si se quiere, pero es todavía) un interesante rectángulo con un par de grandes cristales, también rectángulos, aunque un poco mas cuadrados que el rectángulo original. Los vidrios están sucios de lluvia y limpios de pegatinas.
Los libros apoyados contra las paredes, manchados de humedad. Algunos metidos o sobre algunas cajas de cartón con marcas escritas en diversos colores a sus costados. Algunas cajas son de fideos (Cabellos de ángel, preferentemente, algunas cajas son de electrodomesticos y algunas son cajas de cajas). Algunos libros tienen anotadores en medio de las paginas. Los libros pueden ser ensayos, novelas o cuentos. No mas de eso. Debe haber mas de mil libros, casi toda la pared que esta en contra a la ventana esta llena de libros. Empapelada la pared de lomos de libros.
Ulises (de el se trata) seguía leyendo. Estaba esperando hacia un buen rato a Wilmar, pero este no llegaba, ni daba señales de vida. Habían quedado que iban a ir a al bar del Gallego, donde quizás encontrarían al Etarra. Ayer se habían encontrado con el Etarra. Estuvieron hablando sobre el atentado en Barajas que había sucedido hacía algo de tiempo. Les llamo la atención que hablara tan mal sobre la ETA, luego les dijo que el no era Etarra. Ellos se sorprendieron ya que como era vasco, de las vascongadas, de la Euskal Herria y ademas hincha del Athletic club, pensaba que era Etarra. Pero no lo era. Solo era vasco.
Wilmar y Ulises se sintieron un poco decepcionados, y Wilmar dijo: "nosotros, con todo el cariño del mundo, te vamos a seguir diciendo Etarra, ya que vascos en Argentina hay demasiados".
Se levanto y se puso a mirar a la calle.
La calle seguía viéndose. E iba a seguir viéndose durante toda la noche. Pero si la vista de Ulises intentaba mirar mas allá del semáforo de la esquina, no se veía nada. Todo era niebla, era sopa, y eran luces raras entre la espesura.
Tiro el libro sobre la cama, y se levanto de la silla donde estaba. Dio dos o tres pasos hasta la cocina, que no estaba separaba por ninguna pared al espacio donde el dormía; solo por una amplia pila de libros apoyados contra un bar (o mostrador) que tenia, y separaba, el espacio de dormir y el espacio de cocinar. Igual, se comía en el espacio de dormir. Entro a la cocina (Aunque se vuelve a aclarar que el verbo entrar es solo para poner un verbo ahí; quizá seria se desplazo a la cocina, o se movió a la cocina. O mejor Moviose a la cocina, Desplazose a la cocina) y abrió la heladera SIAM vieja que había quedado en el loft que era del amigo suyo.
Luego de tomar algo de agua que había agarrado de la vieja Heladera SIAM, agarro su sobretodo y salio. Cerro la puerta, no con llave, nunca con llave; nadie entraba ni nadie salia en ese lugar. Camino por el pasillo oscuro y llego a la escalera a tientas. Bajo lentamente apoyando bien sus pies en los escalones.
En el camino recordó la fiesta por el regreso del "viaje" que le habían hecho al finalizar su diaspora.
Llego al nivel del mar. Busco el picaporte y abrió la puerta. Salio al gran hall de entrada del teatro Coliseo de Lomas de Zamora, busco en su bolsillo las llaves y abrió la puerta del teatro, mientras saludaba a Axun, el cuidador del teatro.
Salio a la niebla.
Se encontro con un auto que pasaba a mil putas por la niebla, luego otro. Un patrullero paso rapido detras, con las sirenas encendidas y apestando de ruido todo el centro. Busco en su bolsillo interior y encontró un paquete de cigarros. Saco el ultimo cigarrillo que le quedaba de España, todo roto, torcido y con pedazitos de tabaco marrón que salían por un costado quebrado. Lo encendió y camino. Uso para ello unos fósforos (cerillos) que tenia desde hacia mucho tiempo, decían "Hotel SABOYA"; recordó que se los dio la Voz Narradora cuando se habían visto luego de la diáspora.
Camino hasta la peatonal, sin pasar por el bar "París", donde le debía dinero al mozo, y, mas importante, al dueño. Ahí caminando despacio entre la niebla llego al McDonnals, en la puerta compro un Sunday de dulce de leche que estaba mas barato que el que le gustaba; el de chocolate. Luego, volvió a emprender el camino mientras escucho que las persianas del local se le cerraban a sus espaldas. Muy poca gente había por la calle y muy poca gente se veia.
La humedad se le impregnaba al alma y a las ropas, pero seguía caminando. Llego a la estación de trenes y se puso a mirar lo que podía ver del edificio, solo la fachada. En la estación se notaba que había gente, y hasta algunos colectivos de colores raros aparecían y descargaban su carga en la estación y luego seguían su recorrido.
Era tarde y lo de Wilmar se le había pinchado.
Con Wilmar uno nunca sabe. O encontró a Suaznabar y se fue a comer un asado a la parrillita; o se encontró con Arce y se pusieron a discutir de politica en algún bar de mala muerte, o se encontró con Sputnik e iba a algún lado.
Se le acabo el cigarrillo y miro el piso. Tiro el filtro con lo poco que quedaba de cigarrillo todavía encendido al piso. Miro como la brasa levantaba un humito de color indescriptible y luego, lo piso, girando la punta del zapato sobre el cigarrillo ya fumado. Se estaba por volver al departamento y volver a hacer lo que hizo durante todo el día, leer.
Camino unos pasos y se dio vuelta. Volvió sobre sus pasos y se apoyo contra el poste de luz. Se metió las manos en los bolsillos y espero. Algo iba a pasar, si el era un cuento, algo iba a pasar. Pasaron los minutos y nada paso.
Nada paso hasta que un auto blanco (Evidentemente un taxi) paso con las luces encendidas. El auto se perdió de vista. Ulises siguió con la vista en el auto (del que solo se veían sus luces rojas de posición y luego las de freno, y mas luego las de marcha atrás) vio como el auto volvía sobre sus pasos (O sobre su andar).
El auto freno frente de Ulises y el taxista bajo la ventanilla y le dijo:
- ¿Necesita un taxi?
Se acerco al auto lentamente volviendo a ver los restos de su cigarrillo aplastado en el pisto y se agacho para que le vea la cara el taxista, a lo cual, este le dijo:
- Ah, sos vos. Que mala leche, yo pensaba que tenia algo de laburo. Bueno, subite y te llevo.
El te llevo a donde nunca apareció y Ulises se sentó en el taxi. Se sentó en la parte de atrás del Peugeot 504 blanco, el taxista no lo dejaba sentarse adelante, siempre decía que eran cuestiones profesionales, aunque Wilmar decía que al taxista le gustaba mirar por el espejo retrovisor.
El taxista hablaba lento y con su voz ronca de noche, cigarrillos y alcohol sobre la marcha del Club Los Andes, le explicaba a Ulises (Que no entendía mucho del futbol de ascenso) que para el, el próximo clásico que se avecinaba contra Temperley lo ganaban fácil ellos (ellos lease Los Andes, Milrayitas y todo eso) Ulises mientras el taxista hablaba miraba para delante y no veía nada mas que la niebla y las luces turbias de algún auto que iba delante y que pasaban.
- Estamos yendo para la estación de Banfield, espero que no tengas problemas.
Ulises respondió con un asentimiento, le venia bien. Quizá Wilmar y Suazanbar estaba comiendo en la parrillita de Alem y los podría encontrar para charla y comer algo.
El auto iba rápidamente esquivando los pozos y levantando la altura del nivel de mar por las lomas que tenian en el camino. Se adentraron en el barrio lindo de Banfield y pasaron a un par de cuadras de la casa de Sputnik, que quizás estaba con Marianela y no lo quería atender, igual para el ese era el plan de ultima.
Mientras el auto hacia ese corto recorrido el se puso a pensar en Dora. Hacia mucho tiempo que no la veía; desde esa vez que la había visto caminando abrazada de ese hombre, tanto tiempo, esa vez Wilmar hablaba de Azul, su muchachito con suerte y en la vereda de enfrente iba Dora, la que hubo de dejar, con otro hombre, el que la hubo de ganar. Iba hermosa, aunque no era una mujer despanpanante.
El auto freno cuando su Dora se iba a sacar la ropa delante suyo en algún recuerdo perdido en su memoria y pedido por el olor de Dora en esos momentos en el auto. Eso le llamo la atencion, el olor a Dora en el auto, cosa que habia notado pero que no se habia dado cuenta hasta ese momento, cuando el auto estaba entrando a la estacion de Banfield y parando detras de un colectivo que iba por la calle Las Heras (segun recordaba).
- Che ¿Vos llevaste a Dora? Le pregunto Ulises por primera vez desde que se sento en el auto, cortando su parloteo sobre Los andes y Temperley.
- ¿Quien? - Le repregunto el taxiste. Ulises odiaba a los que contestaba a una pregunta con otra pregunta.
- Una amiga, dijo Ulises, de antes que me vaya. Y luego describio: bajita, ojos marrones, pelo castaño, no muy culona no muy tetona, pero le gusta mostrar las tetas; seguro estaba bien escotada. Normalmente viste a la moda, asi que seguro que tenia las botas adentrro del jean. Grandes bolsos por donde puede sacvar de todo, normlamente libros. Galeano o Surrealistas, por lo general. Bah, ella diria Vanguardistas.
- La verdad no se, che. Me describiste a casi todas las minas que viajan. Ojos marrones, bajitas, pelo cataño, tetas y culo.
- Bueno, no importa.
Se bajo del auto medio caliente y medio enojado. Cruzo la calle viendo que un colectivo (solo las luces) veian rapido por la calle Alem (Penso: "la N es Niceforo") y que si no se apuraba lo iba a matar. Camino por la cuadra impar y llego a la parrillita. Primero miro el patio cervecero, pero entre la niebla y el frio no parecia haber nadie. Luego entro, y saludo al bartender. Le pidio una medida de ginebra y luego se fue a buscar a sus amigos. Al parecer no estaba ni en el pool, ni en el parque cervecero. Pero si encontro al Etarra, este lo saludo pero sigio hablando con unas personas que Ulises no conocia, y muy probablemten, Wilmar si.
Volvio a la barra desde donde miro al etarra que hablaba con estas personas, estaba con su tipica boina de los dias frios, pero solo estaba en mangas de camisa y en la parrillita no hacia calor. Es mas hacia mas frio que afuera, solo la niebla no entraba. El parrilleroo entro con una fuente llena de achuras y tiras de azados que llevo para la mesa del etarra que pidio otra botella de vino tinto para la mesa. Ironicamente el vino era "Vasco viejo", pero el etarra ya estaba algo empinadito y no lo noto.
Un ruido sono detas suyo y era el bartender que le habia puesto su medida de ginebra en la mesa. La agarro y le pregunto:
- ¿Vos si conoces a Dora?, o yo estoy loco, ¿en esa peoca veniamos aca?
- Aja.
- Bien. ¿La viste por estos dias?
- Aja.
- ¿cuando?
- Aja.
- ¿Aja?
- Aja.
- Me habia olvidado como era con vos. ¿Hoy?
- Aja.
- ¿La trajo el taxista?
-Aja.
- Lo sabia. - Tomo de un trago su ginebra y salio.
- Paga antes, garronero. - Le grito el Bartender.
No le importo e igual salió, caminando despacio pero yendo tranquilamente hacia el taxi que había dejado hacia un rato muy pequeño en la estación. Mientras cruzaba la calle se palpó en busca de cigarrillos pero no encontró, había fumado su último cigarrillo en la estación de Lomas hacia unos veinte o treinta minutos, tiempo que tomo subirse al taxi, escucharlo, el trayecto, bajarse del taxi, caminar hasta la parrilla, busquedas y demás yerbas. Vio el Peugeot 504 blanco, con el vidrio astillado por una piedra que había golpeado hacia unos días atrás, historia que le habia contado José Maria Arce en la fiesta del regreso.
Llego a la puerta trasera derecha que estaba sobre el empedrado y se sienta en el asiento trasero (Acción mas que lógica ya que si alguien abre la puerta trasera para entrar a la puerta delante tiene algún problema o pocos dedos de frente); luego habla:
- Llevame a lo de Dora.
Nadie responde, se da cuenta que el Taxista no esta sentado en el asiento delantero; no estaba en el puesto de conductor. Aunque mientras tanto la radio del taxi sonaba; hacía chasquidos insoportables cada tanto, luego una voz hablaba y le preguntaba si lo copiaba. Alguien de la central, que lo necesitaba rápido, le decía que tenía que ir a hacerle algún mandado a alguno o algo por el estilo. A Ulises no le importo y bajó rápidamente del taxi, dejó la puerta abierta y se paro en el chasis del auto para buscar al Taxista a lo lejos. No aparecia, ni por la calle Alem, ni por la estación a su espalda, ni estaba en la plaza mirando la noche, cagandose de frío entre medio de la espesa niebla que no dejaba ver mas alla de unos veinte o treinta metros. Se bajó del auto, y se apoyo contra la puerta del acompañante. Espero unos segunditos mirando la estación, un tren invisible hizo un gran estruendo al llegar a la estación, la vieja estación de Banfield. No paso nada, y al rato una buena cantidad de personas empezaron a aparecer por las puertas. La gente luego se termino diluyendo en la niebla, al tiempo que el tren empezaba su recorrido al Lomas. Recorrido inverso del de Ulises.
Minutos o segundos mas tarde apareció el Taxista con un termo y un paquete de papel madera de panadería. Llegó, lo vió y le dijo que para esa noche tenían mate. Se subieron al auto, mientras la radio no había dejado de sonar en ningún momento. Al momento de sentarse en el volante, ver si todo estaba como él lo había dejado, el Taxista apago la radio con una vuelta de una perilla y con un gran "Click" como aviso.
- Hora del Mate. Que no jodan. - Dijo con una carcajada y una gran sonrisa de oreja a oreja. - Pásate adelante. Así te llevo a donde vos queres y me cebas mate.
Ulises se sintió raro por la propuesta del Taxista. Lo asombro, mientras que el Taxista se estaba estirando sobre el asiento del acompañante para abrir la puerta, eso lo hizo como gesto, para que Ulises tomara en serio sus palabras. Ulises bajó y luego volvió a subir, esta vez estaba en el asiento del acompañante, mientras agarraba el mate y la yerba. Con gran paciencia y habilidad se puso a preparar el porongo. El auto se encendió con un gran ruido y movimiento. Mientras el Taxista regulaba las revoluciones del motor y salia en ralenti, en primera a poca velocidad del entramado de calles de la estación, le preguntaba: ¿A dónde vamos? A lo que Ulises, vertiendo agua caliente pero no hervida en el porongo le decía: A donde llevaste a Dora.
El Taxista lo miró al primer sémaforo (Que estaba escondido entre la niebla, pero la luz roja se notaba y se borroneaba a los efectos de la masa blanca que cubría la ciudad y sus adyacencias. Luego, volvió a su mente la conversación llevada a cabo minutos antes a los cuales Ulises bajara del auto y recordó la descripción que le había dado. El auto, al ponerse la luz en verde, difusa, díficil de ver, pero verde al fin; se empezó a mover cada vez a mayor velocidad. Mientras Ulises terminaba de cebar su primer mate (Ulises nunca lo escupía) y le daba el porongo al Taxista. El taxista con una mano agarró el mate, y con la otra abrió el paquete que tenía una docena de medialunas calientes; mientras tanto conducia el volante con la pierna derecha. Al rato, le devolvió el porongo a Ulises y volvió a agarrar el volante con su mando derecha, en la izquierda tenia una medialuna y el paquete ahora estaba cerca del parabrisas, empañandolo y moviendose a cada giro a la derecha y a la izquierda.
Al sexto mate y a las once y treinta y cuatro minutos del día ya convertido en noche, cerrada y neblinosa llegaron a una casa, donde el taxista apago las luces, y apago el auto y le indico con el dedo indice de su mano derecha que esa era la casa donde debia mirar Ulises. él asimismo se puso a mirar la casa mientras se cebaba un mate. Vio las luces encendidas de la puerta, pero no reconoció la casa. Dora se había mudado en todo el tiempo que Uliese habia estado viajando y en el extrangero con otras mujeres y en otra vida. "Cambia todo cambia" pensó ulises con un tinte un poco melancolico, "tengo un tango" dijo el Taxista mientras prendia la radio y empezaba a sonar un poco de música a ritmo de dos por cuatro (2 x 4 = 8).
- ¿Sabes? - Dijo el taxista - Una vez leí una historia, de no me acuerdo que autor, en la cual un personaje que era taxista; como papá - Dijo mientras con una medialuna sin una punta se indicaba, la medialuna hacia de puntero - buscaba a una mujer que se llamaba Dora - Dijo mientras la medialuna paso de indicarlo a él para indicar la casa- que habían tenido una relación, cogen en la costanera - Dijo mientras la medialuna desaparecia y hacía que las palabras salieran amontonadas e inentendibles.
Ulises dejando de mirar a la casa y pasando a mirar al Taxista le dice:
- ¿No lo leiste entero?
- No. - Responde el taxista entre sorbos al mate. - Despues lo amasijan al chabón y un par de personajes recurrentes en ese autor, mantengamoslo un misterio, lo ayudan en un Hotel a las afueras de la ciudad. No se queda con la mina, pero se queda con el laburo. Pero la mina desaparece.
- Ah, mira vos. Yo no quiero que me amasigen. - Dijo el Taxista con otra medialuna, ya no tan caliente.
- De todos modos si a alguno a fajan, va a ser a mi; al que se coja a Dora. ¿No te parece? - Le dice Ulises tendiendole el Mate.
- Esta bien... ¿Yo conservo el laburo? - Le pregunta el Taxista con cara de preocupado aceptando el mate.
- Si lo conservaste hasta ahora, me sorprenderia que lo pierdas por esto.
- Sabes que tenes razón. - Le dice el taxista cuando empieza a tomar el mate y a taradear el tango que sonaba por el pasacassette del Peugeot 504.
Ulises en ese momento se dio cuenta que los vidrios del coche se estaban empezando a empeñar, eso era un problema, ya que la casa chalet con rejas negras se veia a duras penas a través de la niebla. Las luces de la entrada estabas prendidas y las luces de adentro todavía estaban prendidas; Ulises sabia que Dora estaba despierta, era temprano todavía. Aunque todo dependia si era la casa de Dora, claro.
Abrió la ventanilla, la ventanilla derecha, la bajó hasta abajo (lo menos redundantemente posible), saco el brazo afuera y miró la casa. En ese momento se puso a describir la casa para sus adentros. Una casa, mediana, en un barrio de clase media. Cada de barrio de calles empedradas, con los adoquines mal puestos (En realidad puestos, sacados y vueltos a poner). La casa de negras rejas, altas pero que no daban la impresión de ser un verdadero obstaculo a algún (o cualquier) caco que las quisiera saltar. Mas alla de las rejas un pequeño camino que llevaba a la puerta de entrada entre dos ventanales grandes también con rejas, también negras. La puerta de madera macisa. Luego, un primer piso con un gran ventanal; ahí había menos luz que en las otras ventanas, como si solo un velador iluminara ese piso. Debía ser el dormitorio. Luego se puso a mirar la calle, mientras los mates y las medialunas iban y venían.
- ¿Tenes un cigarro? - Le preguntó el Taxista a Ulises.
- No, termine el ultimo cuando vos me preguntaste si queria ir a algun lado.
- Uh, que cagada. ¿Habra algún kiosko por aca cerca?
- Seguro, pero no sé en dónde.
- ¿Dónde?
- Que no sé. - Le dice Ulises y se pone a mirar la puerta y las ventanas, donde él creyo dislumbrar unas figuras entre sombras en la ventana del primer piso. Creyo, pensó que tal vez solo era producto de su imaginación, esa que le decía a cada rato que era él mismo el que estaba en ese primer piso sin ropa, levantando a Dora entre las sabanas y las frazadas de su lecho calido y caliente (Sin redundancia). Veía entre recuerdos y fantasias el cuerpo de Dora abrazado, pegado, al suyo, hasta que el ruido de la puerta del Peugeot 504 blanco lo saco de ese "soñar despierto". Miró a ese lugar.
Desde la puerta, apoyado contra lo que tendría que ser el vidrio, que también estaba bajo en el lado del conductor, el Taxista le dice que va a ir a buscar un kiosco para comprar cigarrillos. Tenía la espina, el Taxista, se entiende, que iba a ser una larga noche de espera y tenía muchas ganas de un cigarrillo. Que lo espere, que sino, le deje abierta la puerta. Nadie le iba a robar el Taxi, a menos que pasara Wilmar y pensara en que no existe la propiedad privada.
Ulises se queda solo cuando por el espejo retrovisor (Que movió para ver hacia atrás) ve como se va yendo el Taxista hasta que se pierde entre la niebla. Lo vio yendose, caminando tranquila con las manos en los bolsillos, yendo por la calle, esquivando pozos y baches. A los diez metros ya su figura no tenía contornos, era algo que se perdia; un bulto, no una persona. Era algo que iba a buscar cigarrillos, le llevaría un buen rato encontrarlo.
Lo perdió totalmente de vista. Lo perdió y sacó sus vista del espejo retrovisor y la puso en la casa. Noto que una luz, la luz que estaba encima de la puerta (Otrora apagada) se prendió, demostrando la presencia de una persona frente al interruptor. Se quedo viendo, como podía entre la niebla y los flacos contornos.
Un par de figuras aparecieron entre la niebla y la puerta se abrió. Apareció primero ella, en bata de baño de seda azul, Ulises la notaba desnuda desde el coche (O espera que sea así). Un hombre apareció atrás de ella, y la abrazo fuertemente y le dio un beso de despedida. Beso en la boca, beso de pasión acallada. El hombre, que se estaba poniendo una campera de lluvia mientras iba a la reja, la saludo tirandole un beso. Luego abrió la puerta de rejas y empezó a camiar. Wilmar lo miro bien. Un hombre alto, de barba espesa con el pelo negro, bien negro, tal vez si miraba fijo algunas canas, pero los metros que lo separaban eran un escudo. Recordó al hombre con el cual había visto a Dora luego de esa vez que se encontraron en Capital y terminaron cerca el uno del otro. Había pasado mucho tiempo desde esa vez. No era el mismo hombre.
Ese hombre, el hombre de la barba, el que tenía puesta ya la campera de lluvia. Desaparecio en la la niebla. Luego, unas luces a lo lejos se encendieron y un auto en contramano paso rapidamente al lado del Peugeot 504 estacionado frente a la casa de Dora. Ulises se canso de esperar. Abrio la puerta y camino hasta la casa de Dora. Toco el timbre.
Espero unos segunditos parado con las manos en los bolsillos hasta que la puerta empezo a emitir un zumbido y Ulises empujó la puerta con su cuerpo y se arió. Dora había abierto desde dentro, sin mirar, sin abrir la puerta de calle. Caminó rapidamente el breve caminito hasta estar en la puerta de calle. La macisa puerta de madera. Espero en un lugar donde al abrir no lo iba a poder descubrir de repente.
La puerta se abrió y Ulises noto la bata de seda azul. Dora dijo: "¿Qué te olvidaste?"
Ulises dijo: A vos, cuando me fui.
Dora, al escucharlo, luego al verlo, se quedo quieta. Ulises la encaro y abrazandola hizo que entre en su casa, sin pensar que tal vez algún vecino podía verlo y confundirlo con un ladrón, pero la niebla era su aliado. Dora se dejó llevar, Ulises sintió su cuerpo firme debajo de la atada bata de seda azul y se dio cuenta que nada había debajo de ella. Dora lo miraba fijamente a los ojos, mirandolo sin perderle ningún detalle.
Le espeto: "Estas algo cambiando".
Él simplemente la beso. Ella se dejo llevar por el beso, luego empezó a tomar algo de cartas sobre el asunto, pero en vez de separarlo; lo apreto mas fuertemente contra ella, contra su cuerpo. Las manos de ellas empezaron a agarrar sus cabeza, mientras que sus dedos se fueron metiendo en su pelo y mezclandose con los mechones de pelo. El beso duro unos pocos segundos. El beso duro unos pocos, poquisimos instantes. Luego ella se separo, mientras él la tenía agarrada por la cola, apretando sus gluteos, todavía firmes mas allá del paso del tiempo, del paso del tiempo que los había separado.
Recordó la vez que la había encontrado por Capital. Luego terminaron en la cama, pero no había pasado casi nada mas. Las cosas se pierden en la mente, y esto estaba pasando en ese mismo instante, yendo él a buscarla y ella esperandolo sin saberlo.
Ella lo agarro de la mano una vez que le saco sus labios de sus labios y las manos de su pelo. Le agarro la mano y le indico el camino entre muebles barrocos y bibliotecas vacías hasta la escalera de madera que estaba contra una pared. Caminaron besandose mientras ella se daba vuelta y le espetaba frases amables y amantes; ella sin perdida de tiempo le sacaba la ropa. El sobretodo cayo en el primer descanso, aunque ella lo recogió. La camisa cayo cerca de la cama, y ahí quedo, las botas se las saco el mismo Ulises entre saltos y caricias. El quedo cerca de la desnudez, y demostro sus cicatrices fisicas mientras que las espirituales Dora las borraba a cada beso, a cada caricia, a cada mimo. Ulises por fin se decidio a sacarle la bata de seda azul que cayo limpiamente sin tocar ni un centimetro de su cuerpo y ella quedo desnuda, sin corpiño con sus pechos turgentes (mas grandes que lo que él recordaba, hasta mas grandes que la vez de Capital) y parados. Se prodigo a besarlos y morder sus pezones, estos se paraban y se ponían duros a cada lamida, a cada caricia. Lo unico que quedaba en Dora de pudro era una bombacha, demasiado chica, demasiado sexy. Un poco mojada se notaba, y la cara de Dora denotaba esa hambre de sexo, esa hambre de pasión.
El amor ha vuelto, tal vez demasiado tarde. Se escucho suspirar por la habitación pero Ulises no lo escucho, estaba demasiado preocupado en tirarla arriba de las colchas con olor a otro hombre, totalmente desarmadas, pero a él nada le importaba, estaba con Dora, estaba con su sueño. Era como volver a Penelope luego de Circe, luego de las brujas y las sirenas. Ella cayo en el lecho rapidamente, las piernas de ellas rodeadon a la cintura de él. Él rapidamente cayo arriba de ella y su fundieron en un unico beso, en el amor que se tenían.
Ella le saco lo que le quedaba de ropa. Él bajando, besando su cuerpo, le saco lo úlitmo que le quedaba de decencia y la tanga volo por los aires cayendo arriba de un televisor o una comoda. La luz todavía estaba prendida y se noto en el auto un rato antes, ahora él era la sombre que imaginaba. Dora solo gemia y pedía. Ulises solo queria dar y gritar.
Él debajo, en la parte de abajo, con las piernas en el piso se mezclo entre ella, se mojo de sus liquidos y la beso. Ella gritaba y pedia mas por favor. Sus labios estaban entre sus labios, hasta que él subió y sus labios se encontraron otra vez con sus labios. Él la beso con pasión, la misma que ella devolvia a cada beso, a cada caricia.
Ya, en esos momentos, cerca del nuevo día, él estaba dentro de ella. Y ella gemia y gritaba, "Ulises, sí" afirmación y al parecer nada de condición. Luego cambiaron de posición y él, en un abrir y cerrar de ojos, quedo bajo ella. Ella nunca había sido tan pasional, nunca había sido tan amante. Ella arriba, desnuda ante sus ojos con sus manos agarrando sus manos, le intentaba poner los pechos con los pezones totalmente duros en su boca, mientras que el intentaba morderlos pero a cada sacudón, él perdía el ritmo y ella lo retomaba. Era como la última vez, era como una primera vez. Ella luego le solto sus manos y las dejo libres. Ella se puso en posición horizontal con sus manos contra la cama, contra la frazada, mientras Ulises embestia y con sus manos buscaba acariciar sus pechos, cosa que sabía que a ella, a Dora, le encontaba. Los dos gemian, aunque ella a veces gritaba; mucho mas fuerte que sus recuerdos, mucho mas fuerte que en sus fantasias en la diaspora.
Ella grito "Otra vez, otra vez, llego otra vez... Sí.... Sí... Si podes seguí, seguí". Ulises todavía no había llegado, aunque no se habían puesto ningún preservativo ni nada. Ulises sabía que con esa pasión no iba a poder aguantar demasiado. Él estaba a punto de llegar, y ella, ella estaba gritando cada vez mas fuerte sus afirmaciones queriendo mas, pero estando muy cerca. "Que lindo, Que lindo... Más... Más... Sí... Vite Cherie, vite Cherie... " en francés. "Te amo en francés" dijo él sin poder contenerse más. Ella llegó, cayendose arriba de él, mientras el llego mientras ella estaba todavía arriba. Ella se quedo sobre su cuerpo, se quedo en esa posicion, jugando son sus dedos sobre su pecho. Ulises respiraba cada vez mas normal, mientras que sentía la fragancia de Dora encima suyo.
Ella de repente miró la hora. Se levanto, lo beso. No lo podía dejar de besar. Pero volvió a mirar la hora.
- ¿Vas a volver? - Le dijo ella mientra se levantaba, él le miraba los pechos.
- Sí, si querés. Yo quiero volver. - Dijo Ulises agarrandole las tetas, y jugando con ellas. Mientras la cara de Dora, mostraba una sonrisa.
- Sí, quiero. Te vi hace poco. Te seguí un rato. - Le dice ella.
- No te vi. - Le dice él. - Si te hubiera visto esto hubiera sido antes.
- Ta amo. - Le dice Dora a Ulises. - Pero sos un boludo por haberte ido.
- Soy un boludo por no haberte llevado. - le dice Ulises a la mujer que lo abrazaba.
- Sí. Te odie mucho tiempo, hasta que nos volvimos a ver hace un año. ¿Te acordas?
- Siempre.
- Ahora te tenes que ir. - Le dice Dora, parandose, poniendose la bata azul de seda y abriendo la ventana que daba a la calle por donde entra el frío de afuera.
- ¿Por qué? - Le pregunta Ulises parandose y vistiendose, mientras ella le pasa los pantalones de jean que tenia puestos un rato antes.
- Porque mi marido esta por llegar en cualquier momento.
Ulises se queda paralizado con una pierna adentro del jean y la otra afuera, con la camisa y el sobretodo puestos.
- ¿Casada? ¿Estas casada? ¿Y ese tipo que se fue hace un rato?
- Si, estoy casada. Ese era mi amante. - Le dice Dora.
- ¿Amante? - Se queda perplejo Ulises. Pensando y recordando todas las conversaciones en donde ella se definia como una persona fiel, una persona de un solo hombre, mientras que esa noche solamente seria de tres; o de ninguno.
- Sí. Me case hace seis años, cuatro despues que te fueras vos. Diez años es mucho tiempo Ulises y yo no sabía en dónde estabas. Entonces este hombre me hizo compañia durante mucho tiempo y me pidio matrimonio. Dije sí. Debí haber dicho no, no lo amo, no lo amaba. Solo te amo a vos. Solo a vos te puedo ser fiel - dijo ella. Él se quedo pensando en todo lo que había escuchado hasta ahí, hasta que la puerta de calle se abrió con un estrepitoso ruido.
- Mi marido. - Le informa Dora, aunque Ulises ya lo sabia. - Por la ventana.
Ulises con un úlitmo beso la deja y sale por la ventana, mientras luego ella la cierra. Una vez en el techo del chalet, se ve ahí sin saber como bajar. Camina como puede entre las humedas tejas hasta llegar a un árbol convenientemente cerca del techo. Trepandose a ese árbol baja, hasta llegar al piso. Al piso llega con una caida que lo hace rodar por el pasto hasta llegar a chocar contra unos aquines que tenían en el jardin. Se golpea y se queda adolorido un poco en le piso. Como puede se para, camina rapidamente hasta la puerta de rejas, y moviendo el picarporte la puerta se abre, mientras desde la ventana ve a Dora que lo saluda desde lejos. Pensando en como cambio Dora, aunque con él, era casi la misma, aunque un poco mas puta.
Camino rapidamente hasta el Peugeot que todavía estaba estacionado cerca de la casa, abrió la puerta y se encontró con el Taxista que estaba fumando dentro con las ventanillas cerradas. Así que en ese momento más allá de los vidrios empañados había mucho humo dentro del habitaculo. El taxista le extiende un cigarrillo, un Pall Mall. Ulises lo acepta y se lo pone en la boca mientras aprieta el boton del encendedor del coche.
Espera hasta que el ruido lo despabila, se agacha y enciende el cigarrillo.
- ¿Y? ¿Cómo te fue? - Le pregunta el taxista.
- Bien... Quizás esta noche me fajen. - Le dice con una sonrisa Ulises.
- Hijo de tigre. - Le dice encendiendo el coche y prendiendo las luces. El auto enfilo para la estación de Banfield, mientras que el Taxista prendia la radio y la voz que antes lo llamaba lo seguia llamando, aunque el Taxista no le daba demasiada bola.
- ♫ Cambia ♪ Todo cambia ♫ ♪ ♫ ♪ Cambia... Todo cambia ♫ ♪. - Cantó Ulises entre silbidos y palabras.
- ¿Sabés lo que dicen? ¿No? - Le pregunta el Taxista interrumpiendo su cantar.
- No... ¿Qué?
- Que Elvis nunca fue el mismo cuando volvió de Alemania.
- Mira vos. Él mismo, o el mismo.
- ¿Cómo? - Lo mira el Taxista entre semáforos y autos sin contorno, en la niebla.
- Si, Él mismo, de él con tilde. O el mismo.
- No, el mismo, el mismo de ser. Aunque seria muy interesante que cuando volvió de la Colimba no hubiera sido Elvis Presley sino otro.
- Eso explicaria sus malos discos luego y esas peliculas desastrosas.
- Sí, dice el taxista mientras el auto para en la parada de Taxis en Banfield y Ulises saludando con la mano se va al "Bar el Sol". Mete las manos en los bolsillos del jean y se encuentra con la bombacha del tipo tanga que tenía puesta Dora cuando se saco la bata.
- Sí, Dora nunca va a ser la misma desde que yo volví de la diaspora.

Fin.

2 comentarios:

l dijo...

Seré yo la misma cuando vuelva? Sin dudas que sí.

Si lo ves a Gastón, o a alguien que lo vea, decile que lo quiero. Mucho.

Besos para vos también S.

Suaznabar dijo...

- ♫ Cambia ♪ Todo cambia ♫ ♪ ♫ ♪ Cambia... Todo cambia ♫ ♪. -
Lo que no comenta el narrador de la historia es que, si no me equivoco, esa canción sigue así: Pero no cambia mi amor por mas lejos que me encuentre... bla bla bla

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