martes, julio 01, 2008

Último Opus

Había caído hacía un largo rato en su sillón de computadora. Las manos ya no estaban puestas en el teclado, están cruzadas sobre su pecho. Su vista esta clavada en la ventana, que está delante de su escritorio. Mira la niebla que rápidamente cayó sobre la ciudad, recubriendo todo, escondiendo los caminos y no dejando ver mucho más que el lugar donde estaba uno. Él pensaba que ese era uno de los problemas, solo mirar donde estaba uno. La niebla era la perfecta metáfora de su situación.

El cursor pestañeaba en una palabra cortada a la mitad desde la pantalla, esperando palabras que no llegaban. Pestañeaba constantemente en una secuencia rítmica de segundos contados. Su mirada no estaba puesta en el cursor, aunque él no lo veía esto sucedía constantemente. También de esa forma se podrían decir que muchas cosas pasaban a sus costados y él no las veía. Le dolía no poderlas ver, le dolía no poder verla. Estaba abstraído fuera de la realidad, mirando la niebla que se movía entre luces estrambóticas y haces en movimiento. Está en su propio mundo esperando que algo suceda o planeando, tal vez, sus próximos pasos.

Mirando la nada se va perdiendo cada vez más rápido en su ser, se va perdiendo cada vez más en lo que fantasea y en lo que no escribe. En un momento cierra los ojos, dejando de ver todo lo que veía para abrirlos y no ver nada de lo que veía. Abre los ojos y se ve viejo, cansado e intranquilo en una oficina que es la de su jefe. Se da cuenta que es su oficina ahora y él es el jefe. Mirando hacia afuera, ve en la puerta vidriada su nombre (él lo lee al revez) y más allá en los cubículos a las personas que trabajan para él. Ve su viejo cubículo. Pero ahora se ve sentado en su oficina.

Se acerca un cronista que conoce poco, hacía poco había ingresado a trabajar a la redacción. Está mucho más viejo, con el nudo de la corbata deshecho y poniéndose el saco, pronto para salir. Se acerca a la puerta de vidrio, golpea tres veces, seguidas, fuertes y seguras. Sin esperar respuesta abre la puerta.

- Salgo para esa entrevista en la feria del libro, hacerle esa entrevista para el suplemento a esa tal Virginia.

Pérez, intranquilo lo analiza tratando de entender lo que le decía. En un tris toma la decisión de ir él mismo; le dice que deje, que ira él, que necesita aire. Mientras palpa su bolsillo superior de la camisa, busca el atado de cigarrillo. Se da cuenta que no fuma, que nunca fumó, que solo fumaba en la ficción. Se para, mientras el cronista se vuelve tranquilo a un grupo de cinco que están hablando en torno a un escritorio.

Conoce el edificio como la palma de su mano aunque no recuerda ninguno de los afiches que hay colgados en la pared, ni reconoce las tapas del suplemento que va viendo mientras baja la escalera. No lo gustan los ascensores, lo marean. Mientras va bajando va recordando todo de Virginia, su pelea, su discusión, su ida del departamento. Recuerda cuando se encontraron a tomar un café para hablar, sin saber que era la última vez que la iba a ver. Recuerda como la vio irse en el remis mientras ella lo saludaba con la mano; recuerda el último beso de amor que se dieron cuando estaban sentados esperando el auto. Te llamó el sábado, le dijo Pérez. No la llamó ese sábado, la llamó otro día, desconsolado sabiendo que todo se les caía. Luego hubo un par de mails, y el resto el futuro. En esa época Pérez andaba sus días pensando y recordando, como cuando bajaba la escalera; porque este Pérez que baja la escalera es el mismo Pérez que hacía poco tiempo la había saludado y besado, era el mismo que todavía fantaseaba con que al tiempo, los dos se dieran cuenta que estaban enamorados y debían volver. Pero perezoso Pérez estaba viejo cuando llega al estacionamiento de la redacción. Pide un auto y le da la indicación a la feria del libro de Buenos Aires.

El auto atraviesa velozmente la ciudad desde el bajo hasta Palermo. No era hora pico, el trafico era espeso pero fluido para los patrones normales de la ciudad. Él mientras tanto fue sacando de un bolso que tenía cuando salió, algunos apuntes. En ellos leyó varios cuadernos escritos con su letra de los cuales no recordaba haber escrito. También encontró el libro de Virginia. Pérez lo ojeó por arriba. Se llamaba “mil cuatrocientos noventa y dos”, lo empezó a ojear y se dio cuenta que era su historia. En el libro estaba la historia de ellos dos, desde que se conocieron pero contada desde el punto de vista del pasado. En el libro ellos no se llamaban igual, Virginia había tenido el tino de cambiar los nombres. Ella, Virginia en el libro se llamaba Laura, él, Pérez, en el libro se llamaba Gastón. Mientras el viaje se consumía, él leía la historia de esos dos, Laura y Gastón. Se encontraba en varios puntos, muchos de sus frescos recuerdos coincidían.

Las primeras paginas del libro eran sobre su ruptura, luego había un breve desvarío donde ella contaba un poco de su vida luego de él. También imagino su vida, que aunque ciertamente era él en las respuestas, era un ente de ficción. Se fascino leyendo sobre su alter vida, encontró cosas que él hubiera dicho u echo. Pero de hecho no las había hecho, no se había casado, ni había tenido hijos, no había tenido muchas cosas que el personaje del libro de Virginia sí. Esa era la parte de ficción, el futuro, que era la segunda parte. En realidad era la primera porque la primera parte en realidad era una introducción que era su último encuentro.

Miró luego la tercera parte que era la más larga de todas, y allí encontró todos los buenos recuerdos. Allí se contaba de forma asincrónica la historia de su vida juntos. También en algunos momentos había breves partes de ficción, eran a veces cuentos que él le contaba a ella. Como por ejemplo la vez que la espero bajo la lluvia y vio los retratos dados vueltas. O la vez que ellos eran cronopios que se levantaban enamorados a la mañana. También estaba como última parte la vez que Pérez iba a morir. Se ríe un buen rato con el libro. Esa parte era la más autobiográfica aunque el único que sabía que realmente lo era, precisamente era Pérez. La tercera parte eran todos los momentos malos, contados también de forma asincrónica. Todos los momentos dolorosos como las muertes, o las peleas o los malos entendidos. Viajes y frustraciones.

Le llamó la atención el final del libro. Lo leyó cuidadosamente, era la parte donde la critica se hacía presente y analizaba todo. Sin dejar rastros de que ella hubiera sido una de las dos partes de la historia. Buscaba los errores que había tenido Pérez y también, sin falsa gloria, analizaba todos sus errores. En el libro decía que se habían visto un par de veces luego de la separación y que ella intuía que aun estaban enamorados. Eso no había pasado, era simplemente ficción. Aunque Pérez realmente no los sabía ya que él estaba ahí de paso, habitando por un rato otro tiempo y espacio.

El auto lo deja en la puerta de la feria, él pasa entre la multitud mostrando su credencial de prensa. Mira la hora y nota que esta adelantado, entonces mira las bateas con los libros, novedades y ofertas que hay. No encuentra nada para comprarse, pero entra a un local. Allí siente un deja vu. Allí ya había estado con ella hacía muchos años en el eje del tiempo en que se encontraba, pero solo meses en su recuerdo. Una chica muy jovencita y bonita se le había acercado a él y a ella se le habían puesto los pelos de punta de celos. Una sonrisa recorre su rostro en ese momento. Abre un libro, una muchacha se le acerca y le pregunta si desea saber algún precio. Gentilmente declina el ofrecimiento y sale del local. Se encuentra en el pasillo verde y camina un rato entre la multitud que cada vez se hace más presente. En ese pasillo encuentra a la gente que solo va a la feria para tomar bebidas gratis, que hacen cola con un montón de bolsas basura. Gente que debería tener prohibido el acceso a ese lugar, ellos lo habían discutido muchas veces en varias visitas.

Nota que el horario cada vez le es más tirano, se da cuenta que “el tiempo” le jugó una mala pasada. En la vorágine casi no se dan cuenta de donde estaban, pero al pensar las cosas, todo se diluyen en razones y fundamentos. Cuando todo tiene que ser acción. Va hasta la sala, nota que esta atiborrada de gente. Encuentra un lugar, donde puede ver la mesa donde se hará la presentación. Se acomoda contra una pared y mira la silla que será de ella por un rato, mientras hable y responda algunas preguntas del publico. Nota que la mayoría de las personas en la sala son mujeres jóvenes. Hay muchos hombres también, pero no son tantos.

Espera un rato. Se esta atrasando y los rayos del sol van cayendo ya. Pero con una explosión de aplausos entra ella. Entra detrás de un hombre (A Pérez le dio celos, celos que nunca tuvo mientras estuvieron en pareja pero que tiene de todos desde que no están juntos). Ella está hermosa. Con una pollera larga verde y una muy bonita remera. Arriba tiene un blazer. Esta un poco más vieja, pero esta espléndida. Con esa hermosa sonrisa de oreja a oreja donde te muestra todos los dientes. Los anteojos eran nuevos, pero eran como los que tenía cuando ellos andaban. El pelo lo tiene mucho mas corto que siempre, le llega hasta los hombros. Él se ríe de algunos recuerdos mientras la aplaude. Ella hace una reverencia y luego se sienta en el medio. Entre dos hombres que le suspiran cosas cada tanto. A uno lo conocía Pérez, era un editor local de mucho renombre. Al otro, no. Pérez con la destrucción en el alma, pensó que podía ser su nueva pareja.

- Este libro. – Dijo ella. – Es solo una pequeña historia de amor. Sí. Una pequeña historia de amor, mostrada por ciertos momentos como algo bueno, malo o regular. Una historia tan pequeña como cualquier persona pero tan grande como puede llegar a ser el amor mismo. Todos saben que no tiene un final feliz. Nunca me gusto “El túnel” de Sábato pero hice lo mismo que él, conté el final al principio. Hice eso, porque creo que el final de esa historia de amor, no es lo más importante. Lo más importante es lo que los hizo ser uno. Los que los hizo ser un solo ente de amor. Esas dos personas estaban enamoradas, de eso no había dudas. Aunque por alguna razón no pudieron estar juntas más tiempo del que estuvieron. El dolor también es parte del amor. Hay que aceptarlo, aunque el personaje masculino nunca lo aceptó. Son personajes que están conmigo desde hace mucho tiempo. Todos saben que ellos, siempre separados son la base de mi creación literaria. Con ellos yo hice todos los juegos posibles, pero desde el después. Esto es lo que los hizo. Ellos están siempre en “la zona”. Ellos viven ahí, y allí gozaron. Siempre uso estos personajes para cualquier historia porque quiero demostrar como ellos crecen, viven y se desenamoran. Ahora están juntos, como siempre quise en este libro. Acá nosotros vemos quienes eran antes de que les pasen las ficciones de la literatura. Como ellos están en “la zona”, como ellos son reales dentro de ese mundo, todo lo que les pasa es realidad. Por más que sea la más absoluta mentira...

Continuó expresando todo lo que para ella era la novela. Luego dio su concepto de literatura. Pérez entendió que ella había crecido pero era realmente la misma.

La reunión termino con mayores aplausos para ella, mientras muchas personas del publico fueron a pedirle fotos y firmas en sus libros. Ella aceptó gustosa. Fue en ese momento que sus miradas se cruzaron. Ella se congelo en el acto, sus dos ojos marrones avellana lo miraron fijo. Su sonrisa se contrajo. Pero había algo en la mirada. Pérez no sabía que cara tenía pero sus dos ojos negros la miraron.

Ella luego, se acercó. Se saludaron como dos viejos amigos. Él la quería besar. Virginia quizás también, pero eso él no lo sabía. Se abrazaron, ella le autografió el libro.

- ¿Sabes porque se llama así? – Le preguntó ella.

- Supongo que es porque allí termina la edad media. Y eso es lo que yo fui. La edad media. – Le dice él.

- Sí. Sabes que es por eso. No porque vos hayas sido mi edad media.

- A vos te encantaba la edad media.

- Soy medievalista.

- Me imaginé.

- ¿Y vos?

- Sigo en el suplemento.

- ¿Escribís?

- No. Me dedico a la critica ahora. No puedo escribir más, entonces hago mío todo lo de los otros. – Ella se rió.

- No te creo. – Le dice Virginia a Pérez con los ojos puestos en él.

- Sí. Se me fue la musa. No escribí nunca más.

Pérez se pierde en su mirada y pestañea. Cuando abre los ojos se encuentra mirando la niebla. Luego el cursor esta titilando en la pantalla. Pérez intentará escribir. Lo logrará porque no puede estar como ese Pérez sin familia, sin vida que vivió un rato antes. Pérez seguirá escribiendo. Y en algún momento, se dará cuenta que Pérez y Virginia ya no existen más como plural. Existe Pérez. Existe Virginia. Pero no juntos. Por lo menos eso es lo que sabe en ese momento. El futuro es incierto y en ese momento, Pérez no sabe donde esta Virginia. Ella tampoco sabe donde está él. Pero tampoco saben si Pérez y Virginia, en algún momento, volverán a ser; volviendo a tener la conjunción copulativa.


4 comentarios:

maga dijo...

Gracias!. Cuando me desocupe de finales vere que encuentro por aca para leer. Un beso.

Just.a.girl dijo...

pero porque anda con dias negativo ? busque lo positivo siempre!! es mas cuando ando bajon MAL busco siempre algo bueno
seguire pasando
un besoote

Samabuai dijo...

Muy bueno como el personaje "se pierde" en sus pensamientos, se abstrae y crea una realidad paralela.

lexi dijo...

cuídese suaznabar!!!!

abraxo!